Las variedades de soja ayudan menos en el control de malezas

 

 Las nuevas genéticas ofrecen al productor interesantes alter-nativas para proyectar sus zafras con más facilidad, pero como cualquier tecnología precisan de manejos adecuados para seguir dando sus bondades con el correr de los años. Con las semillas de soja se dan cierta peculiaridades, como por ejemplo, ciclo más precoz, mayor potencial productivo, ventana más amplia para su cultivo, mejor manejo fitosanitario, pero, todo esto, tiene una consecuencia que juega un papel delimitante en la productividad, el control de malezas es más complicado.

      En los últimos 20 años en adelante el control de malezas se volvió muy repetitivo en sus prácticas. La utilización de un conocido principio activo fue la esencia casi usual y de fácil identificación en el campo, claro, también eso tiene sus consecuencias para estas épocas, la resistencia.

    La historia, especialmente en el cultivo de soja, considerada de mejor rentabilidad para el productor hace dos décadas eran variedades de ciclo semiprecoz, algo de 120 a 130 días o algunos un poco más largos. Todas estas eran sembradas a finales de octubre hasta los últimos días de noviembre.

Fernando S. Adegas, profesional investigador de Embrapa del Brasil, explica sobre la experiencia del agricultor como una persona muy centrada en acortar los ciclos de cada cultivo, sin medir algunas otras áreas que pueden ser perjudiciales para el mismo en el futuro. “La pregunta que hacen siempre: Fernando, yo quiero una semilla para cultivar a fines de agosto y cosechar unos tres semana antes de Navidad con 6.000 kilos por hectárea, casi imposible hasta el momento”, subrayó en investigador.

   En la actualidad, las características de las misma fueron evolucionando de manera general, sea para cultivar soja y el control de hierbas dañinas, los materiales del mercado casi todos son indeterminados (sueltan las flores entre 15-20 días). Existen cultivares aptos para realizar una siembra cada vez más temprano, los cuales son muy beneficiosos para la aplicación de defensivos agrícolas y no tanto para el control de malezas, por crear plantas resistentes al herbicida, especialmente, explicó.

    “La docilidad de las nuevas variedades facilitan más ingreso del rayo solar al suelo, convirtiéndose en uno de los problemas crecientes en la producción de soja y eso facilita la aparición de hierbas para competir con la planta principal, lo que beneficia para algunos manejos (control de enfermedades y plagas) y afectan a otros, como el control de malezas, por ejemplo. Son genéticas muy buenas para acortar el ciclo y facilita una buena ventana para plantar la próxima zafra; tienen potencial para echar al suelo desde agosto y resistentes al glifosato”, agregó.    El experto también dio énfasis sobre las nuevas investigaciones que demuestran sobre la competencia entre malezas que, en promedio, en 10 días o menos con sojas de ciclo 5.8 y 6.2 o de un poco más largo dependiendo de las propiedades del suelo, stress y baja fertilidad, ya pueden darse pérdidas interesantes, con la aparición de las malezas en el campo por la hierba.

   “Las genéticas que están el mercado son excelentes, solo que exigen ciertos manejos culturales y es allí donde falla el factor humano, a veces, y hacen que vayan desapareciendo de a poco la eficiencia de ciertos productos.

   El manejo, como la rotación de los cultivos, manejos integrados casi “imposibles”, que es utilizado casi de manera automática con un solo principio activo, cobertura muerta, que son algunas actividades que pueden ayudar a mejorar la productividad”, enfatizó el profesional.

USO DE PRINCIPIOS ACTIVOS

Según Jorge Zimmer, consultor técnico de la firma Rainbow, las buenas prácticas agrícolas es un espectro bastante amplio a lo que el agricultor debe ir adaptándose; en primer lugar, la rotación de cultivos para evitar mismas enfermedades, plagas y otros.

     La utilización de diferentes principios activos y evitar de esa manera la resistencia y por sobretodo la elección correcta de los productos para no seguir aplicando insumos con mecanismos de acciones iguales que, al final, no controlan los problemas en el campo.

    Otros de los puntos señalados por el técnico es la cobertura del suelo con buenos rastrojos, ya que la mayoría de las malezas necesitan de luz para germinar.

“La buva, rama negra, es una semilla que debe tener luz para germinar y, considerando uno de los problemas fundamental, esto pueden ser disminuido considerablemente su aparición con la cobertura del suelo, no así como Kapi’i pororo (Digitaria insularis), que son semillas neutras que emergen con o sin luz, pero pueden ser controladas más fácilmente con algunos insumos, siempre cuando sea lo antes posible que incidiría en el banco de semillas o en el menor tiempo posible tras su emergencia. Estas dos plantas son muy resistentes al estrés y si dejamos su permanencia en la chacra, pasando todo el mes de septiembre, por ejemplo, en la primera lluvia aparecerían y complicarían una buena zafra sojera”, detalló Zimmer.

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