Al potrero hay que prestar más que una “atención” especial

 

En ganadería, existen diversos manejos que tener en cuenta para que un emprendimiento logre el éxito y perdure.

     La atención que se les debe prestar a los potreros es muy importante, ya que el número de parcelas necesarias no depende de la superficie de campo, ni de la cantidad de animales.

   Por tanto, el ganadero debe prestar atención a la fórmula que señala:

   “El tiempo máximo de reposo en la peor época del año, dividido por el tiempo de ocupación de cada parcela, más 1”.

   Si los potreros no se hubiesen colocado en la peor época del año, se debe tener en cuenta que el pasto demora en rebrotar hasta la altura correcta en aproximadamente 3 veces que lo que demora en la mejor época del año.

   Si en invierno (en zonas tropicales o templadas) demorase 90 días, en prima-vera demorará aproximadamente 30 días.

   Consecuentemente, si los pastos en los potreros hubiesen demorado 75 días en llegar a los 15 o 20 centímetros de altura en la peor época del año y se resolviera mantener los animales 1 día en cada parcela, la aplicación de la fórmula sería la siguiente:

    Tiempo máximo de reposo: 75 días + 1 = 76 parcelas

Tiempo de ocupación: 1 día

Si se resolviera mantener los animales 2 días en cada parcela:

Tiempo máximo de reposo 75 días + 1 = 39 parcelas

Tiempo de ocupación: 2 días

Si se resolviera mantener los animales 3 días en cada parcela:

Tiempo máximo de reposo: 75 días + 1= 26 parcelas

Tiempo de ocupación: 3 días   Este último caso de 3 días de permanencia en cada parcela es el máximo permitido en PRV (Pastoreo Racional Voisin), pues, si la permanencia fuese mayor, los animales comerían ya el rebrote de los pastos, con lo cual impedirían que estos acumulasen en sus raíces las sustancias de reserva y el próximo rebrote sería más lento y más débil.

   Si este error se repitiera constantemente (como ocurre en el pastoreo continuo), los pastos irían debilitándose y, en algunos casos, hasta desaparecer.

    Si el tiempo máximo de reposo fuera de 90 días, el número de parcelas se elevaría a 91, 46 o 31, según fueran 1, 2 o 3 los días que permanecerán los animales en cada una.

    El reposo al que se refieren la “Leyes universales del PRV” resultan indispensables para cumplir con elementales principios de fisiología vegetal, que estatuyen que los pastos, luego de cortados por el diente de los animales o por el filo de la segadora, necesitan un tiempo (variable según las estaciones, circunstancias climáticas y demás facto-res ambientales) para acumular en sus raíces las sustancias de reserva para lograr un rebrote vigoroso.

   El comienzo del rebrote es lento porque se produce solamente a expensas de las sustancias de reserva acumuladas en las raíces; de ahí en más, nacen las primeras hojas verdes que a través de la clorofila.

    El proceso finaliza con la disminución de la velocidad de crecimiento, dando lugar a la floración y el semillaje, completando así los pastos se ciclo vegetativo natural.

     El final de Llamarada y el comienzo de enlenticimiento marcan el “punto óptimo”, en el que debe ser cosechado el pasto por el animal.

   El pasto se ve favorecido al respetársele los tiempos de reposo para acu-mular reservas energéticas en sus raíces, contribuyendo así a su lozanía.

    La vaca también se favorece al cosechar un pasto tierno, palatable y ya sin el riesgo de contraer timpanismo (tetaniaempaste) o diarrea, además de obtener en ese punto óptimo su mayor capacidad nutritiva, parte de la cual cedería luego el pasto a la semilla si no fuera consumido oportunamente.

    La vaca, al atraer el pasto de altura óptima con la lengua, lo ingiere al primer bocado; en cambio si el pasto fuera de mayor altura, la mayor cantidad que atrajera con la lengua, le impediría tragarlo con el primer bocado y la obligaría a masticar durante unos segundos, que al final de la jornada de 8 horas de ingesta representará menor cantidad consumida.

    Porque la vaca (el bovino en general), no emplea más de 8 horas diarias, cualquiera fueran sus necesidades de alimento, porque debe reservar 8 horas para rumiar y 8 horas para descansar.

    El movimentar sus mandíbulas 30.000 o más veces por día para cumplir con los procesos de ingesta y rumia, representa un gran esfuerzo que le demanda perentoriamente descanso.

   Por otro lado, si el pasto no hubiese alcanzado aún la altura conveniente, la lengua de la vaca atraería menor cantidad, por lo que al cumplirse las 8 horas “reglamentarias” de pastoreo, habría ingerido también menor cantidad.

    No debe interpretarse que el bovino pastoree, rumie y descanse en periodos continuos de 8 horas, pues alterna el descanso, la rumia y el pastoreo en lapsos más cortos e irregulares, que tal vez sean en promedio de 2 horas cada uno.

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