Sin agricultores y sin granjas no hay sistema alimentario

El crecimiento económico y la dinámica de la población serán importantes motores de transformación de la sociedad en las próximas décadas. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que la población mundial deberá crecer cerca de 9.800 millones para 2050, crecimiento que será acompañado por la evolución de la renta y la demanda de alimentos. En función de los cambios demográficos, tendremos una población más urbana, más anciana, mas rica y más exigente, con una alta demanda de más frutas, legumbres, proteína animal y alimentos para seguir creciendo como sociedad.
Esta realidad presionará a los sectores agroalimentarios y agroindustrial y podrá elevar los riesgos relacionados con la contaminación, el agotamiento del suelo, el agua y su impacto en la biodiversidad, además de intensificar las tensiones debido al cambio climático global.
Otra preocupación reciente se refiere al tipo de unidades productivas y de agricultores que serán necesarios para garantizar la seguridad alimentaria y una nutrición balanceada  de las generaciones futuras. Después de todo, sin agricultores y sin granjas no hay sistema alimentario. Una acción central en cualquier estrategia de desarrollo es la búsqueda de condiciones viables tanto en lo económico como social y ambiental. la producción de alimentos proporciona renta y condiciones de vida dignas a los agricultores a los trabajadores del campo y a sus familias además de protección a los recursos naturales.
Esta discusión ocurre en medio de un gran debate, energizado por un cierto sesgo ideológico, que antagoniza a pequeños productores y la agricultura de mayor escala en la discusión de los modelos de producción de alimentos más adecuados para el futuro.
Para contextualizar mejor, esta discusión, es necesario examinar los números levantados por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en 2016, sobre los agricultores en el mundo. El estudio cubrió 167 países, que representan el 96% de la población mundial, el 97% de la población activa en la agricultura y el 90% de las tierras agrícolas, mostrando que existen cerca de 570 millones de propiedades rurales en todo el mundo. Asia concentra el 74% de ellas, China representa el 35% de la India y el 24%, 9% se encuentran en el África subsahariana, y el 7% en Europa y Asia Central. Las haciendas en América Latina y el Caribe representan el 4% y sólo el 3% están ubicadas en el Orinal Medio y en el norte de África. El trece por ciento de las granjas están en países de bajos ingresos y el 4% en los países más ricos, quedando los países en desarrollo de renta mediana con el 83% de todas las propiedades rurales del globo.
La FAO estudió también una muestra de 111 países y territorios con un total de cerca de 460 millones de propiedades rurales y concluyó que el 72% de ellas tienen menos de una hectárea, el 12% tiene entre 1 y 2 hectáreas, un 10%, entre 2 y 5 hectáreas. Sólo el 6% de las granjas del mundo son mayores que 5 hectáreas. Con el crecimiento poblacional, la tendencia es de fragmentación aún mayor de las unidades productivas en los países más pobres. Durante la última década, en África, el tamaño medio de las propiedades se redujo de 2,4 para 2,1 hectáreas, y de 2,2 a 1,1 hectáreas en la India, entre 1970 y 2011. Reducciones en el tamaño de las propiedades impiden a los agricultores vivir de manera digna esto provoca la ampliación de la migración hacia las ciudades por parte de los pequeños productores. Se agrega a ello el hecho de que en todo el mundo el número de agricultores activos con más de 60 años de edad no cuentan perspectivas de sucesión ya que los hijos buscan otras profesiones.
Los expertos de la FAO también revelan que el progreso y el crecimiento de la renta provocan la reducción en el número de agricultores y el aumento en el tamaño de las propiedades. Las mayores, con una superficie superior a 5 hectáreas, cubren el 27% de las tierras en países de bajos ingresos, el 43% en los países de renta media baja, el 96% en los países de renta media alta y el 97% en países de renta alta. Países desarrollados, grandes productores y exportadores de alimentos, como Estados Unidos y Holanda, por ejemplo, tienen menos del 1% de la fuerza de trabajo en el campo. Sin embargo, cerca del 14% de la economía holandesa y el 5.5% de la gigantesca economía estadounidense resultan de la producción agrícola.
Por lo tanto, la dura realidad que se presenta en el horizonte de 2050 no podrá ser enfrentada a partir de un estéril embate entre pequeños y grandes productores. Ambos son esenciales, ya que doblar la producción de alimentos en un plazo tan corto de tiempo y exigirá un modelo de agricultura cada vez más diversificada y especializada. El mundo necesitará invertir en la intensificación del uso de las tierras ya destinadas a la producción, además de expansión prudente de área, con rigurosos balance y sustentabilidad. La agricultura comercial de mayor escala seguirá ampliándose con el avance del progreso económico y sera la mejor para proveer productos de gran demanda como soja, maíz, carnes, azúcar, trigo, entre otros.
PEQUEÑO PRODUCTOR
Los pequeños productores seguirán siendo una mayoría muy importante para el futuro de la seguridad alimentaria, pero su viabilidad dependerá del apoyo y políticas públicas relacionadas con la propiedad de la tierra y la sucesión, el acceso al conocimiento la tecnología y el financiamiento, además de mercados amistosos a la lógica inclusión productiva. La producción se hará más diversa y especializada para ganar la preferencia de los consumidores cada vez más exigentes. Las hortalizas, frutas y productos especiales relacionados con la moderna gastronomía ya sostienen modelos más sofisticados y rentables de pequeña producción en muchos países, y ciertamente se expandirán en el futuro.

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