Comportamiento del suelo según especie y modelo de cultivo

El manejo de suelo, para el establecimiento de las especies cultivadas ha evolucionado en la perspectiva de la reducción de la intensidad de movilizaciones de suelo, en consonancia a la reducción de los costos de producción y a la adopción de la agricultura conservacionista. Este proceso evolutivo partió de movilizaciones intensas del suelo, propiciadas respectivamente por la actividad de arar el suelo y su gradación o escarificación con o sin gradado, para movilizaciones de suelo restringidas a la línea de siembra están modelos como el «sistema plantío directo».

En la medida en que la movilización de suelo es reducida, el condicionamiento del mismo es para el establecimiento de las especies cultivadas y estas pasan a ser dependiente de la cantidad y calidad de la fitomassa aportada al suelo por las plantas que componen el modelo de producción adoptado.

En este sentido, en regiones de clima subtropical y tropical, el aporte de raíces al suelo tiene mayor importancia que el aporte de paja al suelo. Sin embargo la paja se destaca por la protección del suelo frente a la acción de la energía cinética de la lluvia esta impacta de manera positiva permitiendo la  reducción de la pérdida de agua del suelo por evaporación y la reducción de la amplitud térmica del suelo a lo largo del día. Las raíces de las plantas se destacan como recuperadoras, constructoras o mantenedoras de la estructura del suelo.

En otras palabras mientras la paja protege el suelo, las raíces recuperan, construyen y mantienen la estructura del suelo agronómicamente deseada. Así, el amoníaco del suelo para la siembra de las especies cultivadas fue promovido por la acción del arado de la tierra la escarificación y gradado, en el «sistema plantío directo»

En la complementariedad a lo expuesto, la evaluación de la fertilidad del suelo es  sometido a la movilización intensa y amena de suelos y la misma es convenida a los indicadores químicos, como reacción del suelo (pH) y contenido y balance de nutrientes, en la condición del «sistema plantío directo » la misma está condicionada a la interacción de indicadores biológicos, físicos y químicos del suelo, expresada a través de la calidad estructural del suelo, la cual determina: almacenamiento y disponibilidad de agua a las plantas; almacenamiento y difusión de calor; flujo de aire o de gases; permeabilidad al aire y al agua; resistencia del suelo a la penetración de raíces; reacción del suelo (pH); disponibilidad de nutrientes; y la indisponibilidad de elementos tóxicos a las plantas.

Por lo tanto, en suelo manejado bajo «sistema plantío directo» y su calidad estructural del suelo y la fertilidad del suelo dependen primordialmente de la cantidad y calidad del material orgánico producido en consecuencia del modelo de producción adoptado, es decir del arreglo el tiempo y el espacio de las especies cultivadas.

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